A veces ni las letras me pueden salvar del mar de sentimientos que me inundan en estos momentos, pero, como siempre, es la única forma que tengo de entenderme, explicarme y sobretodo, transformar e inmortalizar este momento de mi vida. No hay palabras entre mis dedos que logren expresar con precision lo que me inunda el pecho en este momento, pero es esta mi manera de nadar. Hace unos meses perdí a mi tío/abuelo Manuel. Como muchos de mis conocidos saben (y a quien no sepa, le explico) mi abuelo murió cuando mi mamá aún era una niña, por lo que los hermanos de mi Mamá Vila (mi abuelita, a la que jamás le dije abuelita) criaron a mi mamá. Mi mamá era la mujer más chiquita de las hijas de mamá Vila, y yo al ser la más pequeña de ella (y llevar su mismo nombre) me convertí en una versión más chiquita de mi mamá a la que podían cuidar de nuevo. Fue así como en lugar de tener un abuelo, tuve tres. Mis tíos fueron ese equivalente, por lo que jamás sentí ausencia de algún abuelo,...
¿Me extrañaron? La verdad es que tengo meses con una montaña rusa de sentimientos que ni las letras han logrado traducir (y eso, para mí, es decir mucho). Pero aquí estoy, de vuelta, de nuevo, dispuesta a volver a mi centro, a traducirme en literatura, como antes, como siempre. Hace casi medio año mi hermano sufrió un derrame cerebral que puso en pausa mi vida de mil maneras, que me hizo darme cuenta de un montón de cosas que siempre di por sentado, y a lo largo de estos últimos meses mi familia ha sufrido crisis que creo que a todos nos agarraron en curva y justo hoy que mi hermano tuvo la última cirugía me doy cuenta de muchísimas cosas que me invadían en ese momento y no lograba entender, hasta hoy, que lo veo desde lejos y con otra perspectiva; desde lejos y en cámara lenta, como mi mente fotográfica recuerda y revive una y otra vez involuntariamente. Y creo, que, si al menos una persona esta leyendo esto y puedo ayudarles a parar por un momento, y disfrutar lo que tienen alrededor...